miércoles, 15 de julio de 2015

En busca de April por Benjamín Black

En cada nueva entrega de la serie protagonizada por el Doctor Quirque, tengo más la sensación de que la trama policial de la novela no es más que una excusa para recrear  de nuevo el paisaje dublinés, la persistente y espesa niebla, la lluvia y el frio, la luz y el espacio en parte inventado y de alguna forma real.

La localización temporal de los  relatos  alrededor de los años cincuenta siempre me ha llamado la atención y ahora voy entendiendo por qué lo hace. En ese tiempo aun no estaba todo reglado, y por consiguiente no había tantas cosas prohibidas, se podía fumar hasta en las salas de los hospitales, se conducía  sin pasar un examen estatal, y además, los coches eran grandes y bonitos.

Es una época que le gusta al autor, eso está claro. Por muchos motivos, el comienzo de la segunda mitad del siglo veinte fue un tiempo especial. Quizá la depresión causada por la guerra mundial, terminada apenas unos años antes, lo impregnaba todo con esa atmosfera gris y triste, como de racionamiento vital. A mi me parece un tiempo muy literario y cinematográfico.

He llegado a la conclusión de que para crear un personaje literario que sea capaz de perdurar en el tiempo y convertirse en un clásico, es preciso sacarlo del momento actual porque  el lector conoce  la realidad presente. Conocerla condiciona los comportamientos de  los personajes sometiéndolos a unos limites de los que están libres si se desenvuelven en un tiempo que no es el nuestro.  


Benjamin Black (Banville) ha querido situar su "héroe" en un mundo de antihéroes y hacerlo contemporáneo de los mejores de su estirpe como Philipe Marlowe de Chandler  o Jules Maigret de Simenon. Creo que está en el camino de conseguirlo. Por lo que a mi respecta es un regalo cada nuevo episodio, y sé, que el autor considera las obras que firma como Benjamin Black obras menores escritas de forma mas descuidada. Dice que las corrige menos y que las escribe considerablemente mas deprisa pero el resultado es magnífico porque en ellas esta ese gran escritor que es Banville, pero despojado de la intensidad que caracterizan sus otras novelas.

domingo, 12 de julio de 2015

Las dos señoras Grenville por Dominick Dunne

Parece ser que está basada en hechos reales. Concretamente en la muerte del millonario y miembro de la alta sociedad de Nueva York, Willian Wooward.  Su mujer le disparó al confundirlo con un ladrón. La publicación de "Plegarias escuchadas", por Truman Capote, donde la acusaba abiertamente de haberlo asesinado, precipitó el suicidio de esta.

Partiendo de este hecho se narra una historia mil veces contada, la  de una arribista que consigue casarse con un joven heredero. Dicha unión que se produce de manera repentina unos días antes de partiera a la guerra supone un ascenso meteórico, tanto social como  económico. De vuelta a la vida normal, ambos tienen que vivir  el rechazo familiar,  mantener las formas bajo una apariencia de normalidad. Se van hundiendo en una maraña de mentiras que concluye en un trágico final.

Lo que tiene interés este relato es la acertada descripción de costumbres y usos de la sociedad  neoyorkina de la primera mitad del siglo  veinte.  La estrechez  inflexible de las normas sociales que fijaban sus conductas chocaba abiertamente con la relajación de la que hacían gala en la vieja Europa donde, curiosamente,  se era mucho mas tolerante con este tipo de trasgresiones. De hecho, el Rey de los ingleses de la época, después de abdicar la corona, se casó con una americana, que era un claro  ejemplo de ese perfil de mujer. 

El puritanismo de los americanos, les hace extremar la hipocresía con que esconden cualquier desvió o equivocación, ocultand bajo su manto todo reconocimiento de culpa.

También me interesa resaltar el buen retrato psicológico y humano que hace el autor del personaje de Ann así como sus enormes ganas de aprender a  ser  "uno de ellos". Esta sociedad la lleva a dejar de ser la mujer que rompió todas las normas y progresivamente se va comportando como el peor de ellos, perdiendo en el viaje  cualquier encanto que tuviese su  "diferencia", para convertirse en una copia impostada de las mujeres que nunca la aceptaron. Parece ser una regla universal, que cuando alguien es rechazado por ser quien es, y se transforma conscientemente  para adoptar  las maneras de quienes  se consideran  "auténticos", suele caer en sus peores defectos y en los excesos más ridículos