lunes, 18 de junio de 2018

La tentación del perdón, por Donna Leon

A pesar de que la última novela de la serie, Restos mortales, me pareció francamente mala, no me resisto a faltar a la cita anual con el comisario Brunetti, con su familia de dentro y fuera de la questuray, sobre todo, con Venecia. Me encanta acompañarlos en los trayectos por la ciudad y subir y bajar de los vaporetos que atraviesan el canal. Creo que es lo que más me gusta de los libros de Donna León, quizás por eso no me interesó la última novela, pues se desarrollaba en una isla pequeña de la laguna donde los paseos eran imposibles. 

Hace unos días, leí una entrevista de la escritora. En ella, contaba que cuando empezaba una nueva novela no sabía muy bien cómo iba a terminar y que, en su desarrollo, la historia derivaba hacia tramas secundarias que en un principio no estaban previstas. Pues bien, no sé si en las demás está claro que pasa, pero en esta, desde luego que sí. La novela comienza planteando un tema que enseguida es abandonado manteniendo alguno de los personajes invitados y añadiendo a otros que cambian incluso el asunto criminal del que es objeto la investigación.

Lo que pretende ser el leitmotiv de la novela y que le da título, la tentación del perdón, es lo que une y da cierta continuidad a la historia, pero todo ello cosido con alfileres. 

Está claro que Donna León ama a Venecia y le molesta muchísimo el asedio de los turistas y la perdida de autenticidad que sufre la vida cotidiana de la ciudad que corre el riesgo de convertirse en un escenario bellísimo, pero con una vida artificial. Cuando se queja amargamente del cambio que está sufriendo Venecia, yo me pregunto si no habrá pensado nunca que ella es parte del mismo, de la Venecia habitada por artistas extranjeros, que vinieron atraídos por su belleza y que ahora les molesta compartirla. 

Es parte del mundo que nos ha tocado vivir, la globalización y la socialización de los viajes, el interés por conocer lugares que en otros tiempos estaban restringidos a la mayoría, es algo inevitable y bueno, habrá que arbitrar soluciones que impidan las invasiones diurnas y el daño que provoquen los enormes cruceros al entrar en la laguna, pero no se puede impedir que la gente conozca esa ciudad que es una de las maravillas más preciosas que ha construido la mano del hombre. También es parte de este nuevo mundo la intensa comercialización del arte; en este caso de la literatura y sin embargo ella no pone reparos a publicar una novela cada año, supongo que, por motivos de contrato con la editorial, aunque estas se resientan en cuanto a la calidad y autenticidad. Se acaban convirtiendo en productos en serie desprovistos de alma.

 No me parece una buena novela, es como si las hiciera con plantilla  predeterminada, y está llena de lugares comunes. Creo que, si alguien leyera por primera vez a Donna Leon en La tentación del perdón, no entendería a los que la hemos seguido durante años.