miércoles, 7 de febrero de 2018

Los 16 arboles del Somme por Lars Mytting

Estupenda novela. Una vez más, un autor noruego aparece en la escena literaria con fuerza y personalidad.

Una buena historia que comienza en los primeros años del siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial, en el frente del Somme. Desde allí, los hechos se van sucediendo a lo largo de todo el siglo pasando por los grandes acontecimientos que ocurrieron en Europa que tuvieron una incidencia decisiva en la intricada trama familiar y de intereses que es el objeto de la novela.

El libro se desarrolla en tres escenarios diferentes: en la granja familiar en Saksum, situada entre los bosques de Noruega y las Islas Shetland, en el norte del Reino Unido, en Escocia, y en las llanuras del Somme, en Francia. Todos los escenarios están bien recreados y admirablemente descritos en todos sus pasajes, especialmente los noruegos y las islas.

La curiosidad y la voluntad de saber, se despierta en Edvard Hirifjell después de la muerte de su abuelo con el que se ha criado desde el fallecimiento de sus padres cuyas circunstancias habían sido parcialmente ocultadas por él. Desde ahí, Edvard, inicia un viaje hacia la búsqueda de la verdad decidido a completar todos los huecos que existen en el relato de su pasado, en el de sus padres, en el de si tío abuelo Einar, e incluso en el de su propio abuelo, quien era una persona de alguna manera distinta a la que él creía conocer. Poco a poco, de manera eficaz y entretenida, va encajando las piezas del puzle que forma la historia de su familia siempre transitando por los paisajes en que se desarrollaron los hechos históricos que al final enlazaron de manera estrecha a varias generaciones de europeos.

Me gusta el estilo escueto y limpio de los escritores nórdicos; no utilizan florituras poéticas, pero reconocen la belleza y la relatan quizás con frialdad, pero también con realismo.

Hay una cosa curiosa en esta novela que yo creo que puede ser un divertimento del autor y es la cantidad asombrosa de objetos excelentes que utilizan los personajes, descritos como si quisiera reseñar cada uno de ellos en un catálogo de la excelencia. Desde la música que escucha el abuelo Sverre: las cantatas de Bach y las sinfonías de Beethoven y Mahler dirigidas por Furtwangler o Klemperer, su coche, un Mercedes modelo de 1965, al que siempre se refieren como el “estrella”, la cámara de fotos de Edvard, una Leica M6, la barca de Gwen, una Riva de las de antes de hacerlas en serie, pasando por sus chaquetas Cordings de tweed, el tabaco de pipa que fumaba Einar, early morning pipe, o el balkan sobraine mixture, que fumaba Winterfinch, hasta los zapatos John Lobb  en su armario o las mejores escopetas de caza inglesa Dickson & Son. Cada vez que tiene ocasión, nombra un objeto de peculiar exclusividad. Hasta la clase de patatas que cultivan son de clases excelsas como las pimpernel o las ringerink.

Otra cosa curiosa es que tal y como pinta el modo de vida de un granjero noruego, no me parece que sea parecida a la que yo imagino que vive un agricultor español. Pero tampoco se mucho de cómo es en realidad la forma de vida de los noruegos, sean granjeros o no.

En fin, me ha gustado bastante. No pienso que sea una obra maestra, pero si es una novela con una calidad literaria notable.