domingo, 15 de septiembre de 2013

Sobre novela negra


He buscado la definición de “novela negra”, hay muchas pero la que más me ha gustado dice así: novela negra es aquella que tiene en su corazón un hecho criminal y genera una investigación. Me gusta porque habla de la novela como algo vivo que tiene corazón. Buscaba una definición más o menos académica porque no estaba segura de que el término englobase todo el género policiaco. Hay una increíble cantidad de novelas que pueden encajar en esta definición, y no se por qué pensaba que para alcanzar el título de "novela negra" se requería una cierta calidad.

Mi autor preferido es sin duda Henning Mankel con su serie protagonizada por el comisario Kurt  Wallander.  El secreto radica en la creación de un  personaje con carácter propio que a los lectores nos resulta reconocible desde la primera entrega. El autor nos lo presenta pero el personaje ya vive: tiene un pasado que no nos revela de una vez, sino con pinceladas  pequeñas y precisas, sin extenderse en detalles pero dejando ver que habita un mundo preexistente, un espacio con volumen. Todos los lectores de Mankel sabemos de la soledad inmensa del comisario, del fracaso de su matrimonio, de la existencia de su hija a la que poco a poco iremos conociendo. Conocemos a su padre siempre en segundo plano, pero decisivo para conformar el carácter de Wallander. Sabemos de su distancia a causa de la profesión de policía que detestaba, y sus cuadros, siempre el mismo paisaje con o sin urogallo. Mankel además de crear un personaje  de forma magistral,  lo sitúa en un espacio y un tiempo retratado de forma magnífica.  La Suecia de los últimos años del siglo XX  y primeros del XXI, la del estado del bienestar donde las instituciones y los servicios funcionan con una mecánica impecable, pero excesivamente normada, deshumanizada y triste, en la que las relaciones  humanas son difíciles y se respira la “grisura” del ambiente. Todo lo vemos a través de los ojos del comisario, de sus compañeros, de los crímenes  que investiga y resuelve.  Kurt Wallander llega a ser un personaje con vida propia, y todos los que le seguimos sabemos de  la tristeza  del paisaje que veía desde su ventana en al apartamento de la calle de Mariagattan, y nos alegramos muchísimo cuando se mudó a una casita en el campo y se compró un perro, y nos quedamos desolados con su despedida.

Benjamin Black (Jonh Banville) ha venido a tomar el relevo y lo hace con una creación literaria, la de Quirke, que tiene en mi opinión una complejidad y profundidad enormes. Desde el primer libro se convierte ya en un personaje que vive de forma independiente y se mueve en un espacio con volumen y relieve.

En esta entrada sobre novela negra no puedo dejar de hablar de Fred Vargas. Está en un plano diferente pero la originalidad de su inteligente escritura y la calidad  de sus dos series de novelas protagonizadas por  personajes, que  igual que las tramas, están en el límite de la realidad pero de alguna manera enganchados a la tierra.  Tanto “Los Tres Evangelistas” como los comisarios Adansberg, Kehlweiler o Vandoosler son prodigiosos y dotados de vida  propia, son entrañables.

En otro nivel, es una delicia pasear de la mano del comisario Guido Brunetti por las calles de Venecia. La serie de Donna León que desde hace muchas novelas sólo tiene eso, el personaje y Venecia, aun así me sigue gustando como si visitase a viejos amigos.
Y como no, acompañar a Salvo Montalbano, creado por Andrea Camilleri, en su rincón siciliano cuando alterna trabajo policial, siempre salpimentado con un punto de mafia, con sus visitas  gastronómicas a las trattorias de su zona o simplemente a la nevera de su casa donde siempre le esperan manjares que te hacen la boca agua.

Y hay muchos más claro, últimamente muchos suecos (Millenniun) y suecas, Camilla Läckberg, Asa Larsson… son entretenidos pero no memorables.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Antigua Luz, de John Banville


Alexander Clave, un viejo actor en el declive de su vida proyecta su mirada hacia el pasado e inicia un relato que comienza cuando tenía quince años. La narración empieza  con una gran frase, a la manera de las novelas clásicas -Billy Gray  era mi mejor amigo y me enamoré de su madre-. Es un comienzo impactante y no es un truco de escritor porque el resto del párrafo  nos alerta de la duda que planea sobre toda la obra acerca de la esencia del amor, de la fiabilidad de los recuerdos, o de la manipulación de la propia memoria.

El relato en primera persona, parece dirigirse exclusivamente al lector, de forma individual, a mi que lo estoy leyendo y no a un indefinido conjunto de posibles lectores. Se establece una suerte de complicidad  a través de una sutil  forma de diálogo, haciendo preguntas o sugiriendo reflexiones.

Elige tres momentos en el tiempo, primero y más antiguo, su relación con la señora Gray, segundo, la muerte de su hija y el horrible viaje que, para recoger sus restos, hacen su mujer  Lydia y él. Y por último, la aparición de la joven actriz  Dawn Devonport, contratada junto con él para interpretar  una película.

Así, el narrador salta de una a otra historia, de una a otra mujer, de uno a otro tiempo  y el hilo conductor es él mismo. El personaje que nos habla, recuerda  episodios de su pasado  sin desprenderse del equipaje con que la vida le ha conformado y se nos muestra con una coherencia espléndida. Un sujeto cuya iniciación sexual se produce a los quince años, con una mujer de treinta y cinco, que es además la madre de su mejor amigo. Nos habla  después o entremedias, de su mujer, mostrándola como una figura maternal en quien busca consuelo de su intensa tristeza por la muerte y la vida de su hija. Así mismo la pérdida de esta, explica el anhelo de entender, salvar y redimir a la joven actriz  cuya vida  se desliza peligrosamente hacia la autodestrucción. Cierra el círculo compartiendo con su esposa el rescate de Dawn, como compensación para ambos de lo que no pudieron hacer por su hija.

Banville, tiene una forma de escribir  que es muy exigente con el lector. Sus descripciones miniaturistas tanto de lo material (el paisaje, los espacios donde se mueven los personajes, etc.) como de lo inmaterial (sensaciones, sentimientos u opiniones) resultan a veces asfixiantes.

Por ultimo no creo que esta sea una novela erótica, como señala algún crítico. Aunque contenga episodios eróticos, en mi humilde  opinión, es más significativo el tratamiento de la memoria, de la capacidad del ser humano de reescribir  el pasado desde la perspectiva de la propia experiencia y creer que fue distinto.


Después de " El Mar" y " Los Infinitos", sabía que la nueva novela de Banville me gustaría, y así ha sido, pero aunque no sea literariamente correcto, debo decir que espero con más ilusión las entregas de Quirke por Benjamín Black. Esta ha sido una entrada un poco más larga, porque el libro es mucho más complicado, y siento mucho no poder poner la foto de la portada, pero mientras escribía parte de esta cosa, Mambo, el perro de mi hijo, se la ha comido.