lunes, 5 de junio de 2017

Los papeles de Aspern por Henry James

Cuando abres un libro de Henry James sabes seguro que va a ser bueno. Puede gustarte más o menos pero es literatura de una calidad incuestionable. Así que cuando llevo dos o tres intentos fallidos al elegir lectura, recurro a leer algo con lo que no me equivoque y Los papeles de Aspern en su nueva traducción no me ha decepcionado. James elige un argumento relativamente sencillo e inspirado en un la historia real de un Americano obsesionado por conseguir unas cartas de amor escritas por Shelley. Sobre esto construye una historia que en mi opinión es de las mejores del autor, al menos una de los que más me han gustado.

En otra novela suya, Retrato de una dama, el tempo de la narración es muy lento y a veces es trabajoso para el lector mantener la tensión y el interés en el relato. Aun así es una lectura imprescindible para conocer la literatura de la época y disfrutar de ella.

Los papeles de Aspern, es una obra mucho más corta y de una profundidad distinta pues utilizando apenas tres personajes, urde un tejido de pasiones en el que los envuelve haciendo que cada uno de ellos pretenda utilizar a los otros para conseguir su fin, mostrando así la pobre calidad moral de la naturaleza de cada uno de ellos. Todo esto sobre el telón de una Venecia evocada, someramente descrita desde el palazzo de Juliana Bordereau del que apenas se aleja más que un par de veces, y aun así  consigue sumergirnos en la belleza de la ciudad.

James  elabora un perfecto mecanismo narrativo que tiene una dimensión perfecta. No hace digresiones innecesarias y se centra  el relato principal. Quizás sea esta la menos barroca de sus obras que he leído pero no por ello prescinde de la utilización de larguísimas frases  característica de su estilo literario.


A mi me encantan los escritores del final del XIX. Escriben para ser leídos con tiempo y casi siempre exigen una reflexión por parte del lector para entender todo el significado que el autor pretende dar a la obra, casi nunca son superficiales y esta desde luego no lo es.

lunes, 22 de mayo de 2017

Restos mortales por Donna Leon

Desde que en 1992 se inicio la serie con Muerte en la Fenice, leo cada nuevo episodio  de Donna  Leon cuando se publican, que es más o menos con una frecuencia anual.

Los veintiséis episodios que componen hasta el momento los casos del comisario Brunetti son de muy diferente calidad; los hay buenos, regulares y francamente malos pero siempre me compensa la visita a Venecia, la recreación de los paseos acompañando al comisario, el reencuentro con Paola, su familia y su mundo. Sin embargo, en las ultimas entregas de la saga se colaban demasiado  las inquietudes ecologistas de la autora que ha terminado utilizando a sus criaturas literarias como plataforma para formular sus alegatos a favor del medioambiente.

Pues bien, he de decir que la ultima de sus novelas, Restos mortales, me ha parecido un completo fiasco por varias razones. La primera es que ya no se desarrolla en la ciudad de Venecia sino en las islas de la laguna, lo que supone renunciar  a los recorridos por puentes y campos y a ir de la questura a su casa pasando, o no, por Rialto. La segunda es que creo que ha perdido el sentido de la medida y parece más triste y preocupada por la muerte de las abejas que por la del hombre que es asesinado y la resolución del crimen. Al final todo concluye con un montón de proclamas contra los industriales sin escrúpulos que matan y contaminan.

Hace poco vi un documental sobre un insecto "El avispón gigante asiático" que destruye colonias enteras de colmenas de abejas en pocas horas solo para alimentar a su propia reina. Naturaleza salvaje en estado puro. Lo único que pensé cuando lo vi fue: !Madre mía como se entere Donna Leon!
   




domingo, 7 de mayo de 2017

Clarissa por Stefan Zweig

Como novelista, Zweig es un maestro construyendo personajes dotando a estos de unos perfiles psicológicos profundos y perfectos. Algunos de ellos encarnan prototipos insuperables como el protagonista de la Novela del ajedrez, sobre el que construye un estudio sobre la neurosis obsesiva. Sus novelas nunca son banales, siempre hay un sentido y una teoría que exponer. Para ello, arma una estructura de perfecta armonía entre todos los ingredientes que componen un relato. El ritmo de la acción siempre es ligero  y los escenarios en que sitúa sus historias están perfectamente pensados para que sean una parte importante del curso de los acontecimientos. No es prolijo en descripciones y con pocas pero precisas palabras coloca al lector en la atmósfera real que sea necesaria  para que los hechos fluyan de manera natural.

 En Clarissa, creo yo que crea un personaje  al que utiliza para que sea  vehículo  mediante el que exponer muchos de los ideales y de los principios que alimentaron la vida del propio autor. La libertad individual y la pertenencia al género humano como elemento de identidad superior a toda alineación de origen nacional, de raza e incluso de género. La idea de una Europa sin fronteras también está esbozada en la novela con ocasión de la convención de maestros.

Clarissa es un personaje femenino en el que reivindica la formación cultural y profesional de la mujer como única posibilidad legitima de conseguir la independencia que le permita ser libre en la toma de decisiones. El valor de la vida, cuya preservación coloca por encima de cualquier cosa y, coherente con este principio, el anti belicismo, que es otro de los hilos argumentales del relato. La valentía como una virtud que otorga a la protagonista entendida como la voluntad  y la decisión de hacer lo que considera correcto sabiendo las dificultades a las que tendrá que enfrentarse por ello.


Con ocasión del estreno de la película sobre la vida de Stefan Zweig, he leído que en los meses anteriores a su muerte sufrió mucho a causa de los reproches que le hicieron alguno de sus contemporáneos tachándole de cobarde por no elevar suficientemente la voz contra Hitler y el régimen Nazi. Es algo común en nuestro tiempo considerar la personalidad del creador como elemento fundamental para juzgar su obra. El hecho de que una obra literaria o filosófica debe ser trasunto de la conducta de su autor es una absoluta equivocación, de hecho no es para nada así. Cuando se trata de arte plástico, pintura o escultura, es fácil considerar a la obra de arte como algo con vida independiente de su creador y nadie establece una reciprocidad entre la personalidad moral del autor y la obra de arte. Pues bien, yo pienso que del mismo  modo  en el caso de la literatura. La obra, una vez sale de la mente del autor, es independiente de él y no debería importarnos la virtud o el defecto de este. Claramente, Zweig no debió ser una persona perfecta, probablemente era mezquino. En sus memorias, por ejemplo, no menciona a su primera mujer, Friderike, con la que estuvo casado veinticinco años, más que para decir que se divorciaba para casarse de nuevo. Tampoco creo que fuera un ejemplo de valentía, la elección del suicidio conjunto cuando daba por perdido el mundo con que soñó no es la más elogiable de las actitudes. Sin embargo su obra  no tiene porque sufrir menoscabo por eso porque alguien, cuando teoriza o imagina, siempre tiene la capacidad de elevarse sobre sus propias miserias. Establecer equivalencias entre la calidad de la obra y la calidad del ser humano que la creo es una algo simplista.

lunes, 17 de abril de 2017

Esperando a Míster Bojangles por Olivier Bourdeaut

No es fácil hacer una reseña de esta novela. No porque sea complicada de explicar o describir, lo complicado es calificarla. Es demasiado realista para ser una fábula y no tiene moraleja. Sin embargo, tampoco es lo suficientemente creíble para leerlo como una historia real. Al final, creo que hay que leerlo en una clave intermedia entre lo real de una historia de amor entre dos seres inútiles para la vida y el recuerdo sublimado de la historia que tiene el narrador, que no es ajeno a ella ya que es el hijo de los protagonistas.
Excepto tres capítulos en los que la voz narrativa es la de Georges, el padre o marido, el resto está a cargo del hijo de esta estrafalaria pareja. Al principio parece una historia frívola y superficial, llena de humor y de ternura con algún elemento del todo increíble como la existencia de esa "mascota", Doña Superflua, un ave zancuda que los acompaña en sus continuos cambios de casa y que participa de la vida familiar.

Poco a poco los hechos recordados empiezan a ser vistos desde la perspectiva real. La constatación clínica del desorden mental de su madre transforma lo que en su recuerdo eran divertidas extravagancias en episodios tristes a los que la otra parte, el padre, intenta explicar al niño con una mezcla de verdades interpretadas en clave de aventuras extraordinarias.

El final es triste, no podía ser de otro modo. Y yo no puedo evitar preocuparme por la pobre Doña Superflua después de toda esa tragedia. ¿La llevarían a un zoo?

No me ha disgustado leerlo, pero no es un tipo de obra que yo valore mucho.