lunes, 24 de julio de 2017

Los Años Ligeros, Crónicas de los Cazalet por Elisabeth Jane Howard

Este es el primero de los cinco libros que componen estas crónicas. Ahora, este género de novelas se denomina “novelas rio,” aunque yo sigo prefiriendo el termino “saga” para clasificarlas. De hecho, esta obra me recuerda muchísimo a La Saga de los Forsyte, de John Galsworthy, aunque con alguna diferencia notable. Elisabeth J. Howard publica su obra sesenta años después de los hechos que relata. Esta circunstancia es muy relevante, pues en ese periodo de tiempo el mundo ha cambiado de manera significativa y el tratamiento de algunos temas es absolutamente distinto contemplado con la perspectiva histórica del final del siglo XX. Glasworthy por el contrario publica su obra en 1906, si aceptamos la convención de que la era victoriana empieza en 1837 y acaba en 1901, comprobamos que su creación es contemporánea a los hechos que relata, por lo que esta imbuida del espíritu de su tiempo.

Los Años Ligeros retrata la vida de una familia de burgueses acomodados. Una clase social que prospero notablemente en las últimas décadas del siglo XIX y que en las fechas en las que empieza el relato, verano de 1938, esta absolutamente consolidada. Tiene un estilo de vida propio y diferente del que caracterizaba a la aristocracia.

Es muy interesante la agrupación que hace la autora de los personajes componiendo tres grupos en atención a la edad. Los abuelos de la familia, personas mayores pero en el ejercicio absoluto de su posición de autoridad tanto en el sentido profesional, es el director de la empresa familiar, como en ámbito familiar. Ambos, el Brigada y la Duquesita, son los que acogen en su propiedad a la familia completa durante ese verano. El segundo grupo, el de los hijos, que están entre los treinta y cuarenta años. Por una parte, están los dos mayores que han luchado en la gran guerra y encarnan de algún modo aquellos que fueron marcados con el horror de los campos de batalla europeos donde perdieron la vida y la salud mucho más de la mitad de sus contemporáneos. Por otra parte, la chica y el más joven de los hermanos parecen moverse entre la incertidumbre del incierto futuro que les espera y el apego a su modo de vida. El tercer grupo son los nietos, algunos recién nacidos, otros en la primera infancia y unos cuantos adolescentes.

La voz narrativa se va alternando entre los personajes pertenecientes a cada uno de los grupos, dando así una imagen panorámica del mismo a la vez que en ciertos momentos enfoca y acerca, alguna situación puntual para centrar el punto de vista.

Es destacable la absoluta ausencia de juicios morales. La autora mantiene una distancia chocante a la hora de relatar cualquiera de los episodios que van ocurriendo como si quisiera mostrarnos simplemente la fotografía del momento, lo más realista y exacta posible, y que el lector tenga todos los datos para ser quien decida sobre la moralidad de aquellos. La verdad es que la sola elección de cuáles episodios contar y cuáles no, es ya una elección moral, con lo que es un poco inútil la intención de no implicarse.

En orden al estilo, es una literatura muy elegante y clásica en las técnicas de nivelación y los diálogos, pero tiene un ritmo increíblemente lento, tanto que a veces se cae de manera inevitable y se pierde interés. También me parece reseñable algo que es absolutamente propio de la literatura “pre cine”, la exhaustiva descripción de los escenarios donde se va a desarrollar un acto; ella lo cuenta todo, incluso el ruido del agua al recibir las piedras que alguien está tirando, la situación física de los personajes en la escena, la luz, la temperatura…en fin, todo. Esto resulta abrumador y un poco desesperante.

Me alegro mucho de haberla leído y espero la publicación de las siguientes. Sé que la BBC hizo una serie televisiva con las crónicas de los Cazalet, seguro que era estupenda, porque es verdad que el relato de la vida cotidiana de esta familia. Es la historia de una época concreta de la sociedad británica con sus luces y sus sombras. Nada hacen mejor que contar su modo de vida.



sábado, 15 de julio de 2017

Tormenta de nieve y aroma de almendras por Camila Lackberg

Este volumen contiene cuatro relatos. El que da título al libro es una novela corta, una reescritura del clásico de Agatha Christie Diez negritos. No tiene ningún interés ni aporta nada original.


Son mejores los tres relatos cortos que lo acompañan, pero tampoco nada reseñable. Supongo que la frecuencia anual de publicación no es fácil de mantener y para llenar el hueco, se ha cubierto el expediente con estos. La verdad es que no merecen la pena.

lunes, 10 de julio de 2017

Aviso de muerte, por Sophie Henaff

La segunda entrega de la serie de la Brigada de Anne Capestan, no decepciona. La utilización de los personajes que nos presentó en el primer episodio le dan de sobra para construir otra historia policiaca que se sostenga con más o menos similares características. Sobre todo, en lo que se refiere al desarrollo de la investigación por parte de la “brigada maldita” siempre en paralelo y a contrarreloj, para adelantarse a la que realiza la policía convencional.

Me encanta el peculiar elenco que compone el grupo y el pequeño universo que han creado para que sea refugio de sus vidas.

La única pega que le pongo es la imitación absurda y descarada que hace de Fred Vargas, a veces ridícula a no ser que sea un homenaje. Por ejemplo, el legendario Louis Kehlweiler de Vargas siempre iba acompañado de su sapo al que transportaba en el bolsillo de su chaqueta. Sophie Henaff, a su capitán Merlot en este segundo capítulo, le incorpora una mascota, una rata a la que trata de amaestrar con fines policiales. Es mucho más surrealista un sapo inútil que una rata policía.