miércoles, 22 de octubre de 2014

Vamos a calentar el sol por José de Vasconcelos

Hace muchos años leí  "Mi planta de naranja lima", de este mismo autor,  es un libro muy querido por mi, posee una belleza intemporal que no es frecuente en este tipo de relatos. El éxito editorial que alcanzó en su momento, se debe probablemente a la autenticidad y la frescura con las que está escrito , de sus páginas emana una suerte de ternura que emociona y ha sido capaz de elevarse y resistir el paso del tiempo, convirtiéndose en un clásico. Los relatos sobre niños cuya infancia se desarrolla en entornos difíciles, son a menudo excesivos y buscan provocar en el lector una suerte de encogimiento del corazón .  Supongo que para rentabilizar ese sentimiento, el autor años después publicó "Vamos a calentar el Sol", como una continuación del primer capítulo de la vida del protagonista Zezé.  La he leído este verano, creo que no se había publicado en España hasta ahora, y debo decir que a pesar de que me ha gustado reencontrarme con el personaje y tener información sobre sus progresos y su nueva vida. La nueva entrega no es ni una sombra de la primera, le falta todo lo que hacia especial a aquella, sobre todo la espontaneidad del personaje y la capacidad del autor de dotarle de vida propia.   

 En esta se adivina demasiado el deseo  de prolongar un éxito. El intento de  hacer  un culebrón de una obrita casi perfecta. Eso no me ha gustado. 


sábado, 11 de octubre de 2014

El Jilguero por Donna Tar

Las primeras  doscientas páginas se leen prácticamente de un tirón. El suceso, que es causa y origen de todo el resto de la trama, produce en el lector un shock que te impulsa a seguir leyendo. Más adelante el relato pierde ritmo y, a veces, la reiteración de las situaciones se hacen pesadas e inútiles, sobre todo en el periodo que se desarrolla en Las Vegas, pero esas descripciones, minuciosas y obsesivas, son parte de su estilo.

Es interesante la similitud que la novela pretende hacer con los grandes clásicos, en particular me recuerda a Oliver Twist.  El personaje protagonista que es solo un niño se enfrenta  a las circunstancias adversas en que le sitúa la perdida de su madre que le supone ser vapuleado de una manera cruel. Se  sumerge en un submundo de depravación y miseria moral y eso lo convierte en un superviviente. Cambiando el espacio físico, social y temporal, el argumento  en esencia es el mismo.

Aparecen en la novela todas las inquietudes que la autora observa en sus anteriores obras. En el principio, los personajes simétricos de la obra, Boris y Theo, colocados ambos en la misma tesitura, actúan al unísono, pero a partir de un momento cada uno de ellos tiene una evolución distinta, determinada  por una circunstancia casual que favorece a uno de ellos. Theo es acogido  por el dueño de un anticuario de Manhattan bajo cuya protección reconduce su vida. La adolescencias de Boris sin embargo se desenvuelve en  escenarios  hamposos que del mismo modo lo perfilan así.  Aquí  vemos de nuevo la tesis de Donna Tart sobre las consecuencias de la amoralidad absoluta de los personajes abandonados en la infancia, que se decanta hacia el bien o hacia el desastre, dependiendo de acontecimientos ajenos a su voluntad, haciéndonos notar que nuestras vidas dependen del azar de una manera inexorable.


Hay en esta novela, una cierta dificultad para la arquitectura de los encuentros  entre los personajes, en ocasiones son tan forzados que casi resultan increíbles, y por ultimo hay otra cosa que me llamo la atención en "El Secreto" y que la observo también en esta. Se refiere al reducido circulo vital en el que enmarca a sus personajes, se mueven todos en un pequeño universo de apenas diez o doce sujetos, aunque el desarrollo de la trama se prolongue en el tiempo y en el espacio físico. Es el mismo mensaje: la vida,  por larga que sea y aunque la vivamos en lugares distantes, siempre bascula entre unos pocos , a los que nos unen unos vínculos siempre establecidos en los primeros años de la vida.