miércoles, 4 de septiembre de 2013

Antigua Luz, de John Banville


Alexander Clave, un viejo actor en el declive de su vida proyecta su mirada hacia el pasado e inicia un relato que comienza cuando tenía quince años. La narración empieza  con una gran frase, a la manera de las novelas clásicas -Billy Gray  era mi mejor amigo y me enamoré de su madre-. Es un comienzo impactante y no es un truco de escritor porque el resto del párrafo  nos alerta de la duda que planea sobre toda la obra acerca de la esencia del amor, de la fiabilidad de los recuerdos, o de la manipulación de la propia memoria.

El relato en primera persona, parece dirigirse exclusivamente al lector, de forma individual, a mi que lo estoy leyendo y no a un indefinido conjunto de posibles lectores. Se establece una suerte de complicidad  a través de una sutil  forma de diálogo, haciendo preguntas o sugiriendo reflexiones.

Elige tres momentos en el tiempo, primero y más antiguo, su relación con la señora Gray, segundo, la muerte de su hija y el horrible viaje que, para recoger sus restos, hacen su mujer  Lydia y él. Y por último, la aparición de la joven actriz  Dawn Devonport, contratada junto con él para interpretar  una película.

Así, el narrador salta de una a otra historia, de una a otra mujer, de uno a otro tiempo  y el hilo conductor es él mismo. El personaje que nos habla, recuerda  episodios de su pasado  sin desprenderse del equipaje con que la vida le ha conformado y se nos muestra con una coherencia espléndida. Un sujeto cuya iniciación sexual se produce a los quince años, con una mujer de treinta y cinco, que es además la madre de su mejor amigo. Nos habla  después o entremedias, de su mujer, mostrándola como una figura maternal en quien busca consuelo de su intensa tristeza por la muerte y la vida de su hija. Así mismo la pérdida de esta, explica el anhelo de entender, salvar y redimir a la joven actriz  cuya vida  se desliza peligrosamente hacia la autodestrucción. Cierra el círculo compartiendo con su esposa el rescate de Dawn, como compensación para ambos de lo que no pudieron hacer por su hija.

Banville, tiene una forma de escribir  que es muy exigente con el lector. Sus descripciones miniaturistas tanto de lo material (el paisaje, los espacios donde se mueven los personajes, etc.) como de lo inmaterial (sensaciones, sentimientos u opiniones) resultan a veces asfixiantes.

Por ultimo no creo que esta sea una novela erótica, como señala algún crítico. Aunque contenga episodios eróticos, en mi humilde  opinión, es más significativo el tratamiento de la memoria, de la capacidad del ser humano de reescribir  el pasado desde la perspectiva de la propia experiencia y creer que fue distinto.


Después de " El Mar" y " Los Infinitos", sabía que la nueva novela de Banville me gustaría, y así ha sido, pero aunque no sea literariamente correcto, debo decir que espero con más ilusión las entregas de Quirke por Benjamín Black. Esta ha sido una entrada un poco más larga, porque el libro es mucho más complicado, y siento mucho no poder poner la foto de la portada, pero mientras escribía parte de esta cosa, Mambo, el perro de mi hijo, se la ha comido.