miércoles, 13 de noviembre de 2013

Canadá de Richard Ford


El arte debe despertar emociones en quien lo contempla, la literatura en el lector, pero es un concepto superado que esas sensaciones tengan que ser placenteras, de lo que se trata es de sentir cosas cuando te sumerges en una obra literaria o en la contemplación de cualquier manifestación artística. A veces esos sentimientos o emociones son perturbadores y provocan ansiedad o miedo, quizás también tristeza o desasosiego (que es una palabra que me encanta). Esto es lo que me ha ocurrido al leer - Canadá-  una novela profunda y dura ,pero también extraordinaria.
  Para conseguir que una historia sea capaz de involucrar al lector en ella, creo que necesita varios ingredientes. En primer lugar, la universalidad del tema del que se ocupa, en este caso la idea central de toda la novela es el determinismo, el hecho de que las personas cometen actos, a veces extemporáneos y ajenos a lo que sería una trayectoria vital coherente, porque de alguna manera estaban destinados a hacerlo y esos actos tienen unas consecuencias sobre ellos y sobre otras personas que condicionan el resto de sus vidas de forma inexorable y sin la posibilidad de sobreponerse a ese destino inevitable y fatal. Esta característica aletea sobre todos los personajes que habitan esta historia. En primer término afecta al matrimonio Parsons y como consecuencia a sus dos hijos mellizos  Dell y Berner, en segundo lugar a Arthur Relimger, y en menor medida también a los personajes secundarios, como Charley Quoarters. El otro ingrediente que hace que cada vez que te sumerges en las páginas de este libro, sientas esa asfixiante atmósfera que genera el autor, es el estilo narrativo. -No se sí sabré explicarlo-. En cada momento que se narra hace una descripción exhaustiva del espacio físico donde se va a desarrollar la acción, lo describe todo, el cielo, el suelo, el aire, la temperatura, los árboles, el olor, todo; y luego sitúa a los personajes en la escena, pienso que lo que pretende es que el lector esté, por así decirlo, dentro del plano (es un término cinematográfico  pero es muy gráfico) y sólo entonces  hace hablar a los personajes que integran la escena y hay un diálogo siempre interrumpido para informar al lector de cada una de las reacciones, reflexiones o gestos que suscitan las palabras en cada uno de ellos, esto significa que la acción transcurre de una manera muy lenta y a la vez tienes tanta información que de hecho participas de la tristeza, la angustia o el miedo que este sintiendo el narrador.

   Me gustaría reseñar que me resulta chocante que Dell, que es quien cuenta la historia, cuando ocurren los hechos que  dan origen a todo lo demás, tiene 15 años, como su hermana, ya que son mellizos. Mientras ella parece actuar como alguien de esa edad, (claro que es mujer) el grado de madurez que adivinamos en el chico, su candidez, su incapacidad para entender  lo que ha ocurrido y las consecuencias inmediatas, más parece de alguien con 10 o doce años.

  Me alegro mucho de haberlo leído, aunque había momentos en que rehuía abrir el libro, porque no se puede decir que sea fácil.

2 comentarios:

  1. Querida Mar, muy buen resumen de este libro y también de los demás, la verdad que este apetece menos su lectura pero hay un par de ellos de otros meses que sin duda voy a comprar. Ha sido una buena noticia esta afición tuya y desde ahora seguiré tus recomendaciones. Un abrazo.
    Pepe Moran

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  2. Todo un reto esta recensión. Lo leeré. Besos

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