viernes, 14 de marzo de 2014

Biografías

Mi padre me introdujo en el mundo de las biografías, una de sus primeras recomendaciones fue la de María Antonieta de Stephan Zweig. Yo era muy joven, diez y siete o diez y ocho años, y aquello me pareció mejor que la mejor novela. Enfoque entonces mi pasión por la literatura hacia los grandes biógrafos del siglo XX.  Muchos de los grandes escritores del siglo pasado han trabajado el género biográfico y es una aventura enredarse en él,  cada personaje sobre el que lees suele despertar el interés sobre alguno de sus coetáneos, sobre sus maridos o mujeres  y entonces comienza una cadena larguísima que puedes abandonar y  retomar de vez en cuando.

En mi caso, la lectura de María Antonieta me resulto tan fascinante que inmediatamente seguí leyendo toda la serie de obras biográficas del autor; entre todas, la de Fouché y la citada sobre la reina guillotinada, quedaron en mi memoria como obras extraordinarias.  Hace unos años con motivo de la reedición de la obra de Zweig por la editorial Destino, volví a releer las dos,  desde una perspectiva más madura y con la única titulación de ser una lectora impenitente y debo decir que ambas son magníficos ejemplos de biografías entendidas como obras literarias. En este sentido  Zweig hace una relato fluido donde el estudio psicológico del personaje es la idea fundamental, centrando además la mirada sobre una cualidad especifica del mismo que lo diferencia de todos los demás y que de alguna manera hace que trascienda. En el caso de Fouché, la ambición de poder, en el de María Antonieta, la frivolidad. De hecho, suelen tener un subtitulo que prepara al lector, “Fouché, El genio tenebroso”, “María Antonieta, Retrato de una mujer común”.

Por supuesto un autor de esta altura intelectual dotaba a sus obras de toda la documentación histórica necesaria para que fueran rigurosas en cuanto a hechos y datos, pero eso no es lo más notable en las biografías de Zweig, lo importante es que logra la recreación del personaje, enmarcado en su mundo y en su tiempo. La historia fluye con una ligereza y naturalidad que hacen su lectura accesible, interesante y apasionante.

Con este mismo concepto de la biografía, André Maurois es autor de la de Lord Byron que es una de las más preciosas obras de este género que he leído. La leí hace muchos años en un ejemplar (regalo de mi padre), comprado en una librería de viejos, encuadernado en piel azul y en el lomo con letras doradas, una corona ducal y un nombre: “Victoria”. El libro estaba subrayado y comentado por ella, lo cual fue una experiencia muy romántica. Fue como leer dos veces, con mis ojos y con su mirada.  

El año pasado encontré una edición de Plaza & Janés de las obras completas de Maurois, y entre otras cosas volví a leer la biografía de Byron. Debo decir que me ratifico en la opinión de que es una obra que te engancha al personaje. Cuando la terminas tienes interiorizado al poeta y al ser humano de tal manera que sabes cómo y porque era así  y sabes como escribe y por qué, aunque no retengas la teoría de obras y fechas de publicación.

No debo dejar de citar la Biografía del Káiser Guillermo de Emil Ludwig, pues para mi es la mejor de este otro grande del género.

Otra razón para acercarse a las biografías, es el interés por determinados personajes. Napoleón, por ejemplo, ha sido objeto de cientos de estudios biográficos, creo que no hay nadie mejor que él para hacer un estudio sobre el género. La primera biografía que se hizo sobre el gran corso fue escrita  solo un año después de su muerte en Santa Elena.  El acercamiento al personaje puede ser, apasionado, objetivo, distante o frio y académico; puede ser acerca de su faceta humana, o su relación con las mujeres; o acaso sobre su condición de militar o de hombre de estado. De todas y cada una de las posibilidades de estudio sobre el Emperador existe un libro y creo que no pasa un año sin que se publique algo nuevo sobre  él.  Pues bien, si en el principio de esta entrada hablaba de que unos personajes te llevan a otros, en esto Napoleón es una mina. Josefina, Paulina, cualquiera de sus mariscales, su madre, María Luisa y muchos más merecen interés, por merito propio y a causa de su relación con él.  Mi experiencia en este sentido fue encontrar (de nuevo mi padre) una biografía sobre el Aguilucho, el hijo de Napoleón y María Luisa de Austria. El rey de Roma, personaje apasionante que murió en Viena solo a los  diez y ocho años de tuberculosis. Este me llevo a investigar sobre Maximiliano de Austria, de quien se dijo que era hijo suyo,  y él, me condujo a Méjico, el imperio, y después la cadena siguió con Zapata o Pancho Villa cuyos biógrafos dicen que tuvo ciento diez hijos naturales. Como ven, la cadena es casi infinita y esta entrada esta resultando ya muy larga. Para otra, dejo comentar alguna biografía de nuestra época… quiero decir escrita en nuestra época, porque las de personajes vivos, nunca me han interesado.



Por si acaso tardo, no puedo dejar de recomendar dos biografías extraordinarias escritas por Robert K. Massie sobre Pedro el Grande la primera, y hace menos de una año la de la emperatriz Catalina la Grande. En ambos casos tanto los personajes como el tratamiento que hace el autor de ellos son impresionantes y en este momento de Europa su conocimiento es utilísimo.

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