lunes, 23 de octubre de 2017

Retorno a Brideshead por Evelyn Waugh

Supongo que poco puedo decir sobre este libro que no se haya dicho antes por personas más sabias y autorizadas que yo. Quizás para alguien que lea este blog, pueda ser mi punto de vista un motivo para leer esta maravillosa novela, de hecho yo no la habría descubierto a no ser por la lectura de Breviario de los saberes inútiles de Simón Leys, que dedica  a Waugh unas páginas llenas de admiración y entre otras, elige Retorno a Brideshead como una de sus mejores obras.

Figura en la lista de las 100 mejores novelas de la literatura universal de la revista Times, y desde luego a mi modo de ver con todo merecimiento pues es una obra maestra. Hay varios caracteres que creo que la hacen merecer este calificativo.  En primer lugar, la técnica literaria, la voz narradora, que está a cargo de Charles Ryder, un personaje que siendo también protagonista de la historia se sitúa a una distancia, que de algún modo le permite tener una perspectiva ecuánime sobre los hechos que se narran. Scott Fitzgerald en El Gran Gatsby utiliza un recurso parecido peroWaugh lo perfecciona. En segundo lugar, está el tratamiento de los personajes, en los que hace una especie de zoom reduciendo el plano al enfoque de cada uno de los miembros de la familia Flyte y desenfocando al resto a los que mantiene en los márgenes, levemente esbozados asomándose de cuando en cuando a la historia, pero sin profundizar en ellos.

Al comienzo del relato el protagonismo absoluto es para Sebastian que ocupa, por así decirlo, toda la escena. Se centra en su peculiar relación con Charles, una amistad de dos jóvenes que acaban de abandonar la adolescencia. Juntos, construyen un mundo excluyente en el que comparten la búsqueda de la belleza y encuentran en el otro un cómplice con quien transitar en el comienzo de su vida adulta y se aportán mutuamente consuelo y cura de sus carencias emocionales. Sería un análisis simplista calificar esta amistad como una relación homosexual, no hay pulsión sexual en ningún pasaje del relato de su intensa cercanía, pero sí se sugiere de alguna forma que los límites de los sentimientos son difusos y la fascinación que ejercen el uno sobre el otro da lugar a situaciones confusas. El personaje de Sebastian es exprimido y diseccionado hasta que de pronto lo aparta del curso de la historia para dar paso a Julia su hermana que coge el testigo y se convierte en el punto de mira con el que Waugh continuará.

El desarrollo de la acción bascula siempre entre el papel que desempeña Charles Ryder en la familia de los Marchmain y la presencia de la casa familiar, Brisdehead, a cuyo espacio están unido todos los personajes de una manera inevitable actuando como un potente imán a cuyo magnetismo les es imposible resistir. En este punto debo decir que echo de menos la disección de la figura de Lady Marchmain, ella planea sobre la vida de todos ellos con una potencia enorme, pero al final es la única que abandona la escena sin ser analizada.

Más tarde, vuelve a traer al centro del relato a un personaje que hasta entonces prácticamente solo nos había sido presentado de manera tangencial, Lord Marchmain, y a él lo utiliza para construir uno de los mejores pasajes de la novela y el que mejor encarna la tesis ultima que el autor quiso exponer. Wauhg dice de esta novela, y cito textualmente, que es una obra que “trata de lo que la teología llama la intervención de la gracia divina” es decir,  el acto de amor unilateral por el que Dios llama continuamente las almas hacia sí.

Una última reflexión que avala la excelencia de esta obra es la profundidad del mensaje que encierra y la naturalidad con que lo encaja en una trama que en una primera apariencia podría ser el relato banal y superficial del modo de vida de una familia de la aristocracia inglesa, con la peculiaridad de ser católica. Esto, que en un primer momento se presenta como algo extravagante y de alguna manera exótico, poco a poco va cobrando importancia en el dibujo de los personajes y en las decisiones que marcan sus vidas cobrando toda la importancia que tiene la huella indeleble que la educación en la fe católica les ha dejado.

En resumen, es un libro profundo e inteligente, sutil y elegante que deja en la imaginación de cada uno espacio para completar algunos finales.  No desciende en ningún momento al detalle exhaustivo de cada situación lo que dice mucho de la consideración que tenía sobre la inteligencia y capacidad de sus lectores.