domingo, 22 de abril de 2018

La transparencia del tiempo,por Leonardo Padura


Los que de vez en cuando siguen este blog, saben que soy una absoluta admiradora de Padura, así que no extrañara que diga que de esta nueva novela me gusta todo. Para empezar, el título; La transparencia del tiempo, a la vez que una imagen poética es un concepto profundo muy interesante acerca de la forma de entender el paso de los años. En este último episodio, Mario Conde cumple sesenta años, Padura los cumplió hace muy poco, por eso pienso que este personaje, que tiene tanto de él, es el vehículo perfecto para trasmitir los efectos que tiene el tiempo y la edad en la semblanza del hombre al hemos conocido hace más de veinte años y que de algún modo es trasunto suyo.

Todos los libros de la serie del detective ahora y antes policía tienen varias características que no han cambiado desde la primera entrega. En primer lugar, la nostalgia, un sentimiento que está presente en todas ellas; el objeto ,la extensión y la intensidad, de ese sentimiento va cambiando coherentemente con la trayectoria vital del protagonista .En los primeros libros era añoranza de  aquel grupo de jóvenes que se encontraron y unieron para siempre en el Pre de la víbora. Entonces, todo eran proyectos de futuro y esperanzas aún intactas. Con el paso del tiempo, el azote de las crisis económicas y políticas que han asolado Cuba en estos últimos veinte años hubo momentos en los que la amargura estuvo a punto de apoderarse del personaje.

Conde no es un héroe, es un hombre corriente y ese punto cínico pero divertido que era tan propio de él se tornó sombrío y triste. Ahora se enfrenta a una nueva etapa de la historia cubana. Asiste al nacimiento de una nueva realidad, que le duele enormemente. Su generación trabajo con la ilusión terminar con la miseria en que vivía la mayoría de los cubanos y aunque la pobreza y la escasez persistían, era una pobreza digna. Los últimos años de esta década los habitantes del interior han acudido a la costa buscando una oportunidad de subsistencia pues la profundidad de la crisis económica les hacía pasar hambre en sus lugares de origen. En los alrededores de la ciudad se han ido formando asentamientos de aluvión donde la miseria material es causa inmediata de todas las miserias morales que sufren los que viven allí. 

La segunda característica inalterable del personaje son los valores que son su seña de identidad: la honestidad, la lealtad y el amor a su tierra.

Honestidad, tanto material como intelectual, que, por encima de las dificultades, la traición y las decepciones se ha mantenido sin permitirse una sola flaqueza en ese aspecto. Conde observa cómo se desvanece el sueño al que aspiraron en su juventud, de un país próspero e independiente, y contempla el futuro que se aproxima rápidamente, con la sensación de no tener sitio en él.

La lealtad a sus amigos, en los malos momentos y los difíciles trances a los que les enfrento la vida, Conde siempre ha estado cerca sin una concesión al abandono, compartiendo con absoluta generosidad su tiempo y sus ganancias con ellos. Con cada deserción de alguno del grupo primigenio una parte de su corazón se ha dañado inexorablemente.

Y la última a la que quiero referirme, es el amor a su patria, Conde, como Padura, ama profundamente su tierra, a través de su mirada crítica, a veces despiadada, nos muestra una Habana ajada y abandonada, de fachadas descascarilladas y palacios convertidos en sombríos habitáculos que amenazan ruina. Pero siempre hay un resquicio por donde se cuela la belleza, al hablar de la luz, del azul de su cielo, el verde de las hojas, el esplendor mestizo de sus mujeres. Mario Conde nunca salió de la isla, le hubiese gustado que la vida no hubiera defraudado sus esperanzas juveniles, y quizás viajar, pero no se puede imaginar una vida fuera de allí y acepta el porvenir con lo que tiene de incierto.

Los sesenta años han hecho a Conde la mejor versión de sí mismo, supongo que el éxito literario de Padura tiene algo que ver en la evolución positiva del personaje, que lejos de la amargura afronta el futuro con una mezcla de interés, preocupación y esperanza. 

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