jueves, 29 de septiembre de 2016

Botas de lluvia Suecas por Henning Mankell

El epílogo de esta novela está escrito en Antibes y fechado en Marzo de 2015 y el autor muere en Suecia el mes de octubre del mismo año. Es pues su última obra, escrita cuando la enfermedad que fue la causa de su muerte está ya muy avanzada, y creo que el es consciente de que su vida se está acabando.

Es por eso que me parece interesante comentar aquí, mas allá de cualquier otra cosa , la diferencia de tono y de mensaje que contiene este libro. Creo que he leído prácticamente toda la obra de Mankell, la serie de Wallander y  la que comienza con Zapatos italianos que termina con esta de la que hablo.  También  Comedia infantil y El hijo del viento que se desarrollan en África así como El chino y La vuelta del profesor de Baile. La única que no he leído es  Arenas movedizas, que es un testimonio autobiográfico  y puede ser que ahí se encuentren las claves de estos cambios de los que hablo.
 
En la obra de Mankell hay una constante que se repite una y otra vez  y que planea siempre como una sombra en todos sus libros: la soledad, ineludible e inevitable, entendida como algo inherente a la naturaleza humana  y no  como una consecuencia propia de la sociedad en que les ha tocado vivir. Sus personajes no tienen la voluntad de cambiar las cosas, la soledad se acepta y siempre hay una halo de triste resignación en esa circunstancia.

Pues bien, en esta última novela, los personajes todos ellos son seres solitarios, todos viven solos en una paisaje cuya dureza propicia este aislamiento por la dificultad geográfica para acercarse unos a otros. Sin embargo, lo diferente en esta  es que, aunque tímidamente con muchos recelos, aquí  todos se buscan continuamente, se necesitan y se interesan por el resto. Van creando una red que los conecta y los salva.  Es como si el autor hubiera descubierto al fin que el ser humano no está completo si está solo, necesita de otros . Hay una frase en el libro en la que  dice "No siempre estuvo solo, al menos cuando nació su madre estaba con el, todos las personas están acompañadas al menos en ese momento". El protagonista, Welin, nos va acercando a una idea de que no se si tanto como la felicidad pero si la paz y el sosiego se encuentran en la compañía de otros, más aún si esos otros son de tu misma sangre, hijos en los que proyectar un futuro que de sentido al pasado y al presente.

 Fredrik Welin redime en si mismo a todos los personajes que han salido de la pluma de Mankell, cuando comprende que el sentido de la vida es tener cerca a las personas que quiere  y que la esperanza de te quieran da una nueva luz  a sus días.  Las ultimas  frases del libro son un buen resumen de lo que creo haber visto en él: "Ya estamos a finales de Agosto. Pronto llegara el otoño. Pero la obscuridad ya no me asusta." A mi me parece un precioso testamento vital.